…durante meses se pudo leer en diferentes medios el siguiente titular: “Pokémon produce cáncer”?
Corría el año 2005 cuando unos científicos del Memorial Sloan-Kettering Cancer Center (MSKCC), institución privada con más de cien años de antiguedad dedicada al estudio y tratamiento del cáncer, compartieron con el mundo su último descubrimiento. Tras convertir a ratones en su sujeto experimental y trabajar con muestras de tejido de pacientes dieron con un gen que transformaba las células normales en células cancerosas. Parece ser que su activación producía un anormal desarrollo de formas muy agresivas de linfoma, mientras que su inactivación, por contra, bloqueaba el circuito oncogénico, esto es, detenía el proceso maligno. A primera instancia las implicaciones de este hallazgo son notorias, no en vano dicho gen convertido en interruptor del cáncer es crucial para el desarrollo de futuros fármacos contra una enfermedad responsable de millones de muertes al año. Y es que por primera vez en la historia se había encontrado un gen que podría estar implicado a la vez en el desarrollo de ciertos tipos de cánceres y en su erradicación.
El gen fue bautizado por el equipo de investigación con el nombre de Pokemon, acrónimo de POK Erythroid Myeloid Ontogenic Factor. Su nomenclatura, por tanto, es fruto de la casualidad y no de una broma malintencionada o un homenaje desafortunado. Tras aparecer el descubrimiento en el número de enero de la prestigiosa revista científica Nature diversos medios de comunicación se hicieron eco de la noticia, optando no sólo por incluir titulares sensacionalistas sino también por establecer maliciosas y mofosas comparaciones, tanto escritas como gráficas, entre los exitosos juegos de Nintendo y este nuevo gen. La polémica estaba servida.
Ante este aluvión de noticias efectistas que dañaban seriamente la imagen de la franquicia, Pokémon USA, subsidiaria de The Pokémon Company y encargada de gestionar las licencias de la saga en los Estados Unidos, se vio obligada a tomar cartas en el asunto. Para evitar que se siguiera asociando el nombre de Pokémon con el cáncer, en diciembre del 2005 la filial de Nint
endo amenazó con emprender medidas legales contra el MSKCC si no cejaba en el empeño de designar al oncogén con esa abreviatura. El centro, ante las fuertes presiones recibidas, dobló la cerviz y cambió el nombre de Pokémon por el de Zbtb7.
Curiosamente, esta no es la única incursión de Pokémon en el ámbito científico, existe una proteína que también le debe su nombre a la franquicia de Nintendo. Veamos. Un equipo de dieciocho investigadores del Osaka Biosciencie Institute (OBI) identificaron en el 2008 una proteína implicada en la transmisión de la información visual cinética de los ojos al cerebro, siendo tal su influencia que en los ratones en los que había sido destruida las señales tardaban hasta tres veces más en llegar al área cerebral encargada de la visión y el seguimiento de los objetos en movimiento era más lento que el de los roedores normales. Dada la naturaleza de esta proteína y su funcionalidad, comparable con los movimientos ágiles y rápidos de Pikachu y sus sorprendentes efectos eléctricos, los científicos decidieron llamarla Pikachurin en su honor. Hasta el momento no se tiene constancia de que The Pokémon Company haya solicitado la retirada de este nombre, de manera que actualmente la nomenclatura sigue vigente y en pleno uso.









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