Banner cuando las compañías de transforman en fanboys

Desde que en el mercado capitalista existen marcas que compiten entre sí para ganarse el favor del consumidor el usuario se ve obligado a comparar las diferentes propuestas que se desplegan ante él para hacerse con el artículo que más se ajuste a sus intereses. La decisión tomada puede determinar sus compras futuras hasta el punto de lograr que  guarde fidelidad absoluta a una compañía determinada, bien porque su línea de productos cubra por entero sus necesidades y se amolde a sus gustos, o bien porque conecte emocionalmente con ellos. Y precisamente esto es lo que le sucede a los llamados fanboys, esas personas atadas a una determinada empresa que, de manera más mecánica que racional, consumen todo aquello que sale de sus fábricas sin que aparentemente les importen los atributos y defectos que atesora su compra.

viñeta fanboy

Estos sujetos que guardan apego a una compañía concreta  son sobradamente conocidos por todos aquellos que nos hemos adentrado en el inhóspito mundo de los videojuegos. En un primer momento vivimos la sana rivalidad que nació entre los seguidores de SEGA y Nintendo en torno a sus mascotas, pero a medida que el tiempo fue pasando estas discusiones de patio de colegio se volvieron más técnicas y hostiles, si bien conservaban la misma superficialidad de sus orígenes. De polemizar sobre erizos, fontaneros, elfos y extraterrestres, dando unos y otros argumentos subjetivos fácilmente rebatibles, han pasado a rearfirmar su posición con datos empíricos, como la tasa de refresco en pantalla, las paletas de colores, los chips gráficos y demás parafernalia electrónica. ¿Qué ha sucedido en los últimos años para que se produzca este cambio?

Fanboy

Las compañías de videojuegos, viendo cómo sus compradores se convertían en una fanática guardia pretoriana, empezaron a buscar el método más eficaz para fidelizar a su clientela. Si antes lo importante para las empresas era dar a conocer las bondades de su última criatura ahora lo que persiguen es que todos aquellos que prueben sus productos se queden prendados de ellos y les juren amor eterno. Ese radicalismo mostrado por los seguidores ha sido adoptado por ellas, convirtiéndose en el eje de las campañas internacionales más prestigiosas. No te fijes en la competencia, no piques de aquí y de allí, nosotros, y sólo nosotros, somos los que te ofrecemos lo mejor.

Conviene, en el aquí y el ahora, echar el freno a tanta rivalidad y hacer un ejercicio de reflexión para poder analizar con serenidad y madurez a dónde nos llevan estas disputas. ¿Nos favorece a nosotros, los consumidores, que Sony le declare la guerra a Apple en lugar de gastar toda su munición en convencernos de que la PSP es en la actualidad la mejor portátil del mercado?. Mal que nos pese, Nintendo innovó al crear la Wii y dio un tiro certero cuando decidió desarrollar juegos para toda la familia, otra cosa bien distinta es que la oferta case con nuestra demanda. Que PlayStation Move guarde similitudes más que evidentes con el Wiimote no debería verse como una característica negativa, estamos ante un nicho que no ha sido explotado en la PS3, lo que es preocupante es que, en plena puesta de largo, la compañía nipona decidiera sacar al escenario a un hooligan con corbata dispuesto a criticar a la competencia sin dar ni una sóla razón objetiva que evidenciara su superioridad. Mi periférico es el mejor del mundo mundial, porque yo lo digo y porque “nosotros somos el juego”.

Ejemplos tan bochornosos como el anterior son, para nuestra desgracia, cada vez más numerosos. Basta con recordar la campaña de publicidad protagonizada por ese irritante chaval llamado Marcus Rivers, absolutamente deleznable, y sus aspavientos de “groupie” que no decían mucho a favor del pez gordo de Microsoft. Ya no es que los discursos de las compañías se estén quedando vacíos de contenido, es que encima se está imponiendo la idea de “si no compras mi producto es que eres tonto”, fomentando con ella un profundo sentimiento de rechazo hacia el trabajo de sus competidores, incluso a pesar de que lo que éstos estén haciendo sea, en términos absolutos, de mayor calidad.

Afortunadamente cada día que pasa aumenta nuestra sordera ante los rebuznos de las compañías, sin embargo parece que muchos suben el volumen del audífono cuando los que berrean son sus congéneres. Espero, con franqueza, que esta línea agresiva logre el resultado contrario al esperado, esto es, que la gente comience a valorar las consolas/videojuegos/accesorios por lo que son y por lo que ofrecen, independientemente que lleven el sello de una compañía o de otra. Decid conmigo: “yo poseo una Wii/Xbox 360/PSP/PS3/DS, y no me arrepiento de ello”. No os dejéis llevar por los fanatismos, elejid por vosotros mismos. Al fin y al cabo, nadie espera ninguna declaración interesante de alguien que trabaje en alguna de las grandes majors del videojuego, total, ya no tienen nada que contarnos.

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