Nintendo tiene un problema. A la deficiente puesta en escena de su presentación en el E3 en la que anunció su nueva consola de sobremesa, y que ha provocado menos revuelo del esperado entre el público, hay que sumarle unas dubitativas ventas de su 3DS debido a las cuales la compañía nipona se ha visto obligada a bajar su precio de forma notable. Este hecho debería haber revitalizado a su portátil pero lo cierto es que solo ha servido para echar mas leña al fuego, al menos a corto plazo. Las críticas han llegado desde dos frentes distintos: por un lado, la sospecha de que Nintendo infla los precios de sus productos al permitirse un descuento tan grande pocos meses después de su lanzamiento, y, por otro, la sensación que tienen sus primeros compradores de haber sido timados. Para resolver este último problema, es decir, para intentar compensar el sobrecoste, la multinacional ha ofrecido la posibilidad de conseguir 20 juegos gratis de su Virtual Console. Con todo, la confianza del mercado respecto a sus productos está en sus valores más bajos desde la época de la Gamecube. ¿Quién va a comprar ahora consolas de Nintendo sabiendo que pueden bajar de precio en poco tiempo?
Es cierto que desde la empresa nipona solo llegan noticias negativas para el consumidor fiel a la marca y que las decisiones que ésta está tomando responden más a un comportamiento dubitativo que a una línea de mercado sólida. No seré yo quien defienda a Nintendo y su política de rediseño tras rediseño, sin embargo muchos de los que se rasgan las vestiduras por estas maniobras olvidan que estamos en un sector que se dedica principalmente a vender tecnología y, como tal, la incertidumbre es parte de su existencia. Nadie sabe qué hardware va a triunfar en el futuro, solo tenemos estimaciones, en ocasiones fallidas, y si miramos atrás en el tiempo comprobaremos que no hay nada escrito. El VHS venció al Beta cuando éste era claramente inferior, mientras que el Blu Ray se impuso con lógica al denostado HD-DVD. ¿Cuál es el secreto entonces? Conseguir el éxito en este mercado no depende exclusivamente de lo acertado que sea el producto a comercializar sino también de la base de clientes que pueda reunir. Por extraño que parezca el que marca las diferencias es el comprador porque cuantas más ventas se logren mejor posicionamiento tendrá esa tecnología, mucho más rápido se abaratarán los costes de producción, se venderá a un precio menor y los ingresos aumentarán. Esta es la rueda básica que hace funcionar este sector, el problema viene cuando tu producto no termina de despegar en su estreno y te ves obligado a buscar soluciones, en algunos casos dramáticas. No sabemos hasta dónde le llega el agua a Nintendo pero de lo que estamos seguros es de que el sudor comienza a aparecer en su frente.
Que no cunda el pánico. A pesar de sus dificultades la multinacional sigue teniendo un amplio margen de maniobra, gracias en parte al tremendo éxito cosechado con Wii y DS, aunque es innegable que molesta, y mucho, pagar por algo que al poco tiempo es rebajado considerablemente. Hablando de forma clara, como si me hubiera poseído el espíritu de Pérez-Reverte en su faceta de articulista, es una putada, pero hasta ahí. Los que piden la cabeza de Iwata y compañía por los cambios de rumbo deberían pararse a pensar cómo estaba el panorama de los videojuegos hace unos cuantos años, dos generaciones atrás para ser más exactos. Por aquel entonces sacar al mercado un nuevo sistema de entretenimiento era poco más que meterse de lleno en una jungla llena de depredadores ansiosos por ver correr la sangre de su enemigo. Virtual Boy, Atari Lynx, 3DO, Saturn, PC Engine… la lista de consolas que “fallecieron” prematuramente es muy nutrida en la época de los ’90, y la carnicería se extendió a raíz de la aparición de la PSX. Esos hardwares fracasaron estrepitosamente, incluso a pesar de que la mayor parte logró vender más de un millón de unidades (PC Engine 5 millones, Atari Lynx 2 millones, 3DO 2 millones y la gran perdedora, Virtual Boy, 800.000). Pensadlo fríamente, en algún momento hubo al menos varios millares de personas que se compraron una consola que no viviría lo suficiente para ser disfrutada. ¿Alguien se quejaba en aquellos tiempos de tal fatalidad? Por supuesto que no era plato de buen gusto, faltaría más, sin embargo esta situación parecía ser asumida con más frialdad por parte del usuario. El más avispado se decidía por un sistema en base a variables tales como la cantidad de juegos disponibles, el impacto de la consola en la sociedad (¿cuántos amigos/conocidos se la han comprado?) y el precio de venta, aunque nadie carente de compensaciones.
Hoy día las cosas han cambiado. A partir de la PS2 hemos visto como las tres grandes, esto es, Sony, Microsoft y Nintendo, han sido capaces de colocar sus inventos con mayor o menor éxito en el sector y completar la vida útil de dichos sistemas. La bonanza que vivimos en estos últimos años nos ha adormecido como consumidores; ya no valoramos el riesgo que corremos al comprar un material que todavía está buscando su sitio en el mercado y un temblor puede significar un terremoto para nosotros.
No os asustéis, no estoy dando por muerta a la 3DS. Como he dicho antes, a Nintendo todavía le queda margen de maniobra. Tan solo tiene que serenarse y tomar las decisiones correctas para salvar a su nuevo hijo, y el mejor ejemplo de ello lo tiene en la competencia. Cuando Sony lanzó al mercado su potente PSP no se imaginaba que iba a andar por un camino tan empinado. Desde el primer día a la portátil le tocó ir a rebufo de la exitosa DS y en los momentos de mayor tensión la compañía tuvo que tomar medidas drásticas en forma de reducciones de precio, rediseños, lanzamiento de packs, modificaciones de la línea comercial y sufrimiento, mucho sufrimiento. Lo que resulta irónico es que se dé la vuelta a la tortilla de manera tan radical y ahora tenga que ser Nintendo la que deba mirarse en el espejo de la multinacional que sufrió su aplastante dominio. Todavía no ha salido su verdadero contrincante, la PS Vita, pero ya da la impresión de que 3DS parte con desventaja y ha desaprovechado todo el tiempo extra que ganó con su temprano lanzamiento. Mucho me temo que si no comienza a vender de forma más eficaz la gran N convertirá en rutina todos estos movimientos de marketing. Al usuario no le queda más remedio que asumir el incierto futuro a corto plazo que le espera a la consola en 3D y confiar en que el hardware que compró el día de su lanzamiento termine por despegar el vuelo. Ese es el peligro de ser el primero, ese es el riesgo que se corre al abrir camino.










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