La polémica del aeropuerto

Con cierto retraso respecto a otros medios digitales, por fin he podido probar de primera mano el super ventas Modern Warfare 2 y, mientras preparo un análisis del juego completo, he decidido dar mi opinión sobre un tema tan espinoso y complejo como es el de la violencia en los videojuegos. Como muchos de vosotros intuiréis me estoy refiriendo al polémico nivel del aeropuerto ruso y su correspondiente masacre. Si he tardado en mojarme ha sido porque hasta ahora no había visto ningun vídeo de la fase en cuestión, y la razón no es otra más que quería experimentar de primera mano lo que iba a suceder y poder hablar con más conocimiento de lo que implica esa matanza.

Sin embargo, antes de embarcarme en tal debate me gustaría añadir un elemento que, a la larga será de vital importancia en esta reflexión. El primer Gears of War me aburrió soberanamente. Sí, goza de unos gráficos impresionantes, una puesta en escena espectacular, un sistema de combate sólido… pero he batido el récord de bostezos con él. En ningún momento de la historia me he sentido implicado en el “salvamiento de la humanidad”, ni tan siquiera en el ¿transfondo? del personaje al que interpretaba. Si se me permite la expresión, me la pelaba todo. Tan sólo me preocupaba en matar bichos y seguir avanzando a ver si había algo que suscitara mi interés por continuar la partida, pero lo único que me encontré fue un juego sin alma ni emoción, y eso que el trasfondo trataba de ser épico. Eso sí,  el juego venía  exquisitamente envuelto y adornado con un hermoso lacito, tal y como acostumbra Epic Games.

Makarov

Es por esto mismo que el controvertido nivel “Nada de Ruso” es una de las partes del título que más me gusta. ¿Soy un sádico por ello?. Para nada, yo también he sufrido con la degollina y he tenido que tragarme mi odio ante los terroristas para seguir avanzando, por lo que en lo que a mí respecta Infinity Ward consiguió lo que quería, estremecernos al máximo. He de confesar que a partir de ese momento sólo una idea planeaba sobre mi cabeza, la de acabar definitivamente con Makarof. ¿Se podría haber hecho un vídeo en vez de poner esa fase?. Por supuesto, pero con él la compañía no  hubiera podido alcanzadar el objetivo que perseguía, y mucho menos en un título en el que no hay CGI´s. ¿Es gratuita esta escena?. En absoluto, es más, en mi opinión es vital para comprender lo que luego se nos avecina un par de fases más adelante. Con esta defensa de tan espinado asunto sólo quiero dar mi punto de vista ante la necesidad de que los videojuegos se atrevan a ser más políticamente incorrectos con el fin de conseguir un umbral de narrativa y experiencias superior al actual, que por cierto, en un alto porcentaje es limitadísimo en cuanto a ofrecernos aventuras reales (Heavy Rain y, aunque me critiquen por ello, Alone in the Dark)  y no modelos de jugabilidad aderezados con nuevos gráficos/historia (Devil May Cry- God of War).

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Gracias a esta polémica puedo corroborar una idea que llevaba rondando en mi cabeza desde hace tiempo. Actualmente la inmersión y capacidad narrativa de los videojuegos está en paños menores. Si consideramos la mejor experiencia de juego un Metal Gear Solid es que nos estamos equivocando mucho. El verdadero avance se encuentra en la posibilidad de contar historias, vivir sensaciones e implicarte emocionalmente sin necesidad de usar ningún vídeo ni parar el juego. Eso es lo fácil. El cine lleva décadas haciéndolo y, que yo sepa, no conozco ningún film que te coloque en una posición incómoda, lejos de tu acolchada butaca y permitiendote el lujo de no realizar ningún juicio moral ante lo que vas a ver. Como espectador sí, pero nunca como parte de la acción. Entonces, ¿por qué los videojuegos deben de copiar las limitaciones de la pantalla grande?. Ya que podemos salvar a la humanidad, conquistar reinos o ganar copas mundiales, lo mejor sería poder vivir esos logros al máximo, para lo bueno y lo malo. Nadie se queja de la cantidad de enemigos que tenemos que asesinar para llegar al final, o si a éstos les disparamos a la cabeza, a las piernas o a las mismísimas pelotas. Sólo escuece cuando nos enfrentan a la dura realidad, cuando el papel del héroe se difumina, dejando paso a las miserias del ser humano, y eso es algo que nunca podremos ocultar. Half Life se pasa por la piedra a la mayoría de shooter complacientes con el estereotipo más rancio de Hollywood y logra una inmersión que ya quisiera para sí mismo esas odas al CGI como Final Fantasy o Resident Evil. Modern Warfare 2 sólo se limita a continuar por el camino inaugurado por Valve, un camino que no tiene por qué agradarnos siempre.

Sólo puedo agradecer a Infinity Ward que se hayan tomado la guerra en serio (¿cuántos chavales americanos se han alistado al ejercito por las bondades del Call of Duty?) y que dieran el paso necesario para que los videojuegos se planteen ciertos códigos sobreimpuestos y avancen hacia el octavo arte. Por desgracia, todavía nos queda mucho trecho por recorrer.

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