6 a.m.. Suena el despertador. Legañoso te diriges a tientas al baño. Te vistes. Tomas un café rancio que lleva varios días hecho. Con la pereza todavía en el cuerpo coges el coche para dirigirte al trabajo. Es entonces cuando te topas  con un atasco monumental que consigue que tu madrugón no haya valido la pena. Vas a llegar tarde sí o sí. ¿Qué hacer entonces?.

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