De vez en cuando, y la mayoría de las ocasiones de manera accidental, te topas con una de esas joyas de la animación que te hacen enmudecer y vienen a confirmar el hecho de que la combinación de buenas ideas y mejor hacer no necesita de grandes recipientes para ser almacenada ni de sellos de renombre que respalden el proyecto. Pigeon: Impossible pertenece a esta categoría al ser un cortometraje que, sin saberlo, ha nacido para convertirse en un clásico del género y ganar todo aquel concurso al que se presente.

Su autor, Lucas Martell, comenzó con la creación de esta pieza para perfeccionar sus habilidades en la animación, pero cinco años más tarde, y con 10.000 dólares menos en el bolsillo, las aventuras y desventuras de Walter Beckett, un primerizo agente de la C.I.A. que tendrá que verse las caras con una paloma tan  glotona como tenaz si quiere poner a buen recaudo su maletín, cobraron entidad propia y han logrado ser una de las historias más divertidas y de mejor factura técnica que circulan por la red. Lo único que le queda por hacer ahora a Lucas es sentarse cómodamente en su sillón preferido a esperar la llamada de algún directivo de Pixar.

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