Tiene que ser genial poder sentir esa agradable sensación de libertad al surcar los cielos. A diferencia de nuestros insípidos paseos por tierra firme, un piloto puede moverse en cualquier dirección sin estar atado a ninguna superficie. Lástima que mi maldito vértigo me impida subirme a un globo aerostático, helicóptero, ala delta o cualquier otro medio de transporte aéreo, a excepción del avión, pero al menos siempre tengo a mano los videojuegos para cubrir en parte esa necesidad. Podría pasarme horas escribiendo sobre algunos integrantes de este género, valga como ejemplo Afterburner, EF-2000 o la saga Flight Simulator, sin embargo me voy a centrar en el último título aparecido en Xbox Live Indie Games perteneciente a este grupo. Eyestorm, la opera prima del estudio español 3Crew, es una obra inspirada en el popular Choplifter que, por casualidades de la vida, se ha visto obligada compartir cartel con el remake distribuido por Konami. A todas luces una batalla muy desigual si tenemos en cuenta el presupuesto de ambos trabajos y su infraestructura, pero aún así es capaz de ganarle la partida a la famosa franquicia en un puñado de apartados.
Al principio del artículo os hablaba de la sensación de libertad que experimenta un piloto, y ese es precisamente el primer punto fuerte de Eyestorm, que, a diferencia de Choplifter, sí que ofrece un auténtico control tridimensional. Gracias a su propuesta bidimensional el remake tiene un aspecto mucho más cinematográfico, pero 3Crew ha querido darle un “baño de realismo” a su trabajo coqueteando con el género de la simulación. Si a esto le añadimos un escenario tipo sandbox, misiones prefefinidas con sus elementos aleatorios y una completa ausencia de cinemáticas o tiempos de carga, comprobaremos que el parecido entre ambas obras se queda en la carátula y poco más.
Profundicemos un poco más en su control. Eyestorm nos permite movernos por un extenso mapeado con total libertad de acción, pudiendo modificar la altura, el ángulo, la velocidad y la dirección con total precisión, pero prescindiendo de complejos interfaces gráficos u otro tipo de funciones presentes en la vida real. Esto nos ofrece, por un lado, un gameplay híbrido, a medio camino entre el simulador y el arcade, pero, por otro, nos obliga a medir las distancias a ojo y en alguna aproximación la vista nos jugará una mala pasada. Para hacer el pilotaje un poco más complicado también encontraremos imprevistos, como los huracanes que recorrerán el escenario y harán que perdamos el control de nuestro helicóptero, o el tráfico aéreo. Un plus de complejidad para un concepto de diversión más sencillo y directo que otras propuestas.
Durante los primeros minutos de partida es difícil desprenderse de la alargada sombra del título de Konami, pero, aunque los dos compartan vehículo y misiones de rescate, a medida que avanzamos comprobaremos que estamos ante dos productos muy distintos. En Eyestorm no tendremos un hilo argumental sólido al que agarrarnos, tan solo seremos un miembro del equipo de rescate de un pequeño archipiélago con una población un tanto “inconsciente”. Continuamente seremos llamados para realizar diferentes tareas, como transportar mercancías de una isla otra, salvar de la muerte a indefensos ciudadanos o rastrear la zona en busca de gente desaparecida, todo ello bajo la presión de una cuenta atrás. La variedad de misiones no es muy extensa, la verdad, y solo se diferencian unas de otras en cuanto a la historia detrás del accidente o la complejidad de la misión en concreto. No obstante, es necesario remarcar algo que 3Crew han hecho muy bien, esto es, ofrecer un ritmo muy intenso de partida, con lo que se oculta momentáneamente esta falta de sorpresas. En el momento en que completemos un objetivo ya estaremos inmersos en el siguiente, y así hasta pasarse el juego. Como para ir al baño.
A pesar de esta frenética mecánica tarde o temprano nos sentiremos como si estuviésemos viviendo un peligroso día de la marmota. Salva a la gente, lleva esa caja a la azotea del rascacielos, busca al científico perdido en la jungla, rescata a los tripulantes del barco hundido, lleva esta vacuna al hospital más cercano, encuentra al paracaidista aislado en el acantilado… Como véis, misiones distintas que comparten la misma estructura de tareas. Tampoco es que esta ausencia de alternativas sea una tragedia puesto que, como ya he dicho, los desarrolladores nos tendrán ocupados en todo momento. Sin embargo, no está demás subrayar que hubiera sido un acierto dotar a Eyestorm de algo más de variedad, la que sí hace acto de presencia tanto en el diseño de las islas como en la elección de diferentes helicópteros. En el primer caso tendremos nueve terrenos distintos, que van desde unas montañas heladas habitadas por monjes y esquimales hasta islotes volcánicos llenos de tierra muerta, algunos mejor modelados que otros pero efectivos al fin y al cabo. En el segundo caso nos encontraremos con tres tipos distintos de locomoción acompañados de un buen puñado de skins seleccionables por el jugador. La diferencia entre un modelo u otro variará el comportamiento del aparato en los giros, así como su velocidad, tamaño y espacio de carga.
Se me ocurren unos cuantos detalles que podrían mejorar el producto final. La inclusión de ogros o un sistema de puntuación online hubiera fomentado la competitividad entre los usuarios de un título que únicamente se puede disfrutar en solitario y tiene como reto la superación de nuestros límites como jugador. La variedad, la dichosa variedad de misiones que ya os había contado se antoja de vital importancia pasadas unas dos-tres horas de partida ,y no le hubiera venido mal una mejor atmósfera puesto que como sandbox le falta empaque visual. Con todo, habría que estar loco para no gastarse los 80 puntos que cuesta este juego si te gustan los videojuegos de aviación. Por esa irrisoria cantidad tendremos un título de larga duración que se hace tremendamente divertido en tandas cortas de juego. Otras obras pueden ser más potentes en el apartado técnico, pero en jugabilidad a Eyestorm no le gana nadie. Un debut muy correcto para lo que, esperemos, sea el principio de una fructífera carrera para 3Crew.











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